... ... ... ... Rhapsodia: El amuleto supermegaguachis. ... ...

jueves, 9 de octubre de 2008

El amuleto supermegaguachis.

Amuleto

Hace la hostia de tiempo, vivía un joven mercader que trabajaba confeccionando kimonos junto a su mujer preñada. Su sueño era vivir en Kyoto y hacerse rico.

Un día un amigo suyo le dijo de ir a Kyoto y bla bla bla. Fue a hablar con su mujer, esta le dejó marchar a cambio que volviera al cabo de tres años cuando florecieran los cerezos, y le dio un amuleto. El chico antes de irse, le dio a su mujer una flauta para pasar el rato.

Cuando llegaron a Kyoto una mujer muy guapa pasó delante de los dos amigos, que se quedaron embobados mirándola, hasta que un monje se les acercó y les dijo "no confiéis en desconocidos, pequeños saltamontes".
Reaccionaron y fueron a ver a un tio muy rico que les contrató para hacer kimonos.

Al cabo de unos meses, en una noche en la que llovía mucho, el tio se encontró con la zorra mujer guapa de antes, que estaba completamente empapada. Le dejó su paraguas y esta le dijo que fuera al día siguiente a su casa para devolvérselo.

Y eso hizo el hombre, la mujer lo recibió con mucha hospitalidad, comieron, bebieron y se lo pasaron muy bien... A la hora de irse, la mujer le regaló una espada dorada por haber sido tan "amable" con ella.

De camino a su casa se encontró con el monje superguays de antes, que le dijo "no pierdas el amuleto que te regaló tu mujer, pequeño saltamontes".

Al cabo de un par de días, el hombre rico que los contrató lo vio con la espada dorada, y la reprendió contra él, pues era una de las muchas espadas que le habían robado.
Para mostrarle que él no había sido quién se la robó, llevó al hombre rico hasta la casa de la mujer.
Al llegar y comprobar que todo lo que le habían robado estaba ahí, la mujer se trasformó en un demonio, partió al hombre rico en dos y dejó al prota inconsciente.

Cuando despertó se encontró con el monje, que le dijo "el amuleto te salvó la vida, pequeño saltamontes".
El hombre se dio cuenta que en Kyoto nunca sería feliz y marchó junto a su amigo de vuelta a casa, dónde le esperaban su mujer e hija.

Por el camino de vuelta se encontraron con un samurai muerto de hambre, que les pidió limosna, estos no le dieron nada y mató al amigo de un katanazo mientras el prota huía.

Al llegar habían pasado siete años, y para que la mujer lo perdonase le regaló un bonito kimono.

Cuando despertó al día siguiente, estaba junto a una tumba bajo un cerezo; sobre una de las ramas estaba el kimono que le había regalado a su mujer.

Su hija de siete añitos se le acercó y le dijo que esa era la tumba de su madre, el hombre la abrazó y le prometió no volver a abandonarla, mientras de fondo se oía la flauta esa del principio.


FIN.


Moraleja: ¡Haced caso a los monjes!

2 comentarios:

  1. Esta historia siempre pienso que la chica es un kitsune (zorro) que se hace pasar por tía para engatusar al otro. Y mira que la he leído dos veces jajaajaja.
    Lo de "pequeño saltamontes" es un añadido, ¿no? Quién sabe...jajaja

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  2. Ale_Corleone15/10/08 23:50

    Joder...vaya historia sangrienta y mortal. muy tipico de las mitologias eso la verdad.

    Lo que dice Neko de los Kitsune, yo pensaba que los zorros de 9 colas que toman forma de humanos y de lo que quieran para engatusar a hombres y robarles el alma pertenecia a la mitologia coreana.

    Por cierto, muy bien narrada la historia

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